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Cuando darse de alta como autónomo o constituir una SL (Sociedad Limitada)

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Si estás leyendo este post es bastante probable que estés pensando en crear un negocio y no tienes claro si es mejor una SL o darte de alta como autónomo.

  • Hacerse empresario requiere elegir diversas opciones que van a tener efectos en el futuro de la empresa.
  • Una de las cuestiones más importantes que tendrás que pensar es ¿ser autónomo o constituir una SL?

Habrás buscado información por Internet porque sabes que es una decisión importante, por lo que te queremos dar todas las claves para elegir correctamente.

Comenzar una actividad por cuenta propia es emocionante y conlleva muchas ventajas y también muchas responsabilidades.

¿Qué criterios debes seguir para elegir?

Antes de decidir ser autónomo o constituir una SL, debes responder a varias preguntas:

  • ¿Vas a trabajar solo o a tener socios? En el primer caso te convendrá darte de alta como autónomo, al menos inicialmente, y en el segundo tendrás que buscar una forma de asociarte: comunidad de bienes, SL o SA.
  • ¿Qué responsabilidad quieres asumir sobre el negocio? Si eres autónomo respondes con tu propio patrimonio de las deudas de la empresa (salvo en el caso del emprendedor de responsabilidad limitada) y en el caso de una SL, responde el patrimonio de la sociedad.
  • ¿Tienes dinero para aportar al capital social? Para constituir una SL vas a necesitar un capital mínimo de 3.000 euros.

Estas son las tres preguntas esenciales, a continuación, vamos a analizar las ventajas de cada opción.

Autónomo vs. SL: esa es la cuestión

Las diferencias que te ayudarán a decidir son las siguientes:

  1. La burocracia inicial. Darse de alta como un trabajador autónomo es la forma más sencilla de iniciar una actividad empresarial por cuenta propia. Tendrás que darte de alta en la Seguridad Social y en Hacienda. Para constituir una SL hay que hacer más trámites: solicitar una certificación de denominación en el Registro Mercantil, otorgar una escritura pública de constitución ante Notario y darse de alta en Hacienda y en la Seguridad Social, entre otros. Más trámites significa también más tiempo y más dinero.
  2. La responsabilidad. Tal y como hemos visto antes, la del autónomo es ilimitada y la de la sociedad limitada al patrimonio social.
  3. El capital inicial. Para una SL es de 3.000 euros, mientras que en el caso de los autónomos no hay capital social.
  4. La cuota de autónomos. La cuota de autónomos de un empresario individual se beneficia de la tarifa plana, lo que no ocurre con el autónomo societario que paga una cuota más alta.
  5. Los impuestos. Un autónomo tributa por IRPF que es un impuesto progresivo en función de los ingresos, mientras que una sociedad paga el Impuesto de sociedades que tiene tipos fijos.
  6. La toma de decisiones. Un autónomo puede tomar decisiones de forma más sencilla, mientras que si tienes socios tendrás que seguir lo establecido en los estatutos de la SL.
  7. El acceso a la financiación. Las sociedades limitadas pueden tener una mayor facilidad para acceder a la financiación bancaria, porque suelen generar más confianza al llevar una contabilidad que se inscribe en el Registro Mercantil y es pública.
  8. La imagen frente a los clientes. No es lo mismo la imagen que da una SL que la que da una persona individual frente a los clientes. El equipo que hay detrás de una SL genera confianza.
  9. La contabilidad. En una SL es más complicada, precisamente porque se presenta en el Registro Mercantil, por lo que los gastos de gestión serán más elevados. Pero con programas como Sage Contabilidad y Facturación podrás automatizar tareas y centrarte en tu negocio, tanto si eres autónomo como si tienes una sociedad.
  10. La realización del trabajo diario. Como autónomo serás el único responsable de la empresa y tendrás que asumir tareas de todo tipo: administrativas, comerciales, de marketing, financieras y de recursos humanos, entre otras. En una sociedad, si tienes más socios, podrás distribuir tareas y responsabilidades.

En cualquier caso, debido a que los inicios son difíciles, puedes comenzar como autónomo para tener menos gastos y, posteriormente, cuando los ingresos aumenten, constituir una SL.

Otra buena opción: el emprendedor de responsabilidad limitada

Las necesidades de los autónomos de limitar su responsabilidad hicieron surgir una figura que es la del emprendedor de responsabilidad limitada.

La ventaja más importante respecto a un empresario individual es que no se incluye tu vivienda habitual entre los bienes a utilizar para hacer frente a las deudas de tu negocio.

Para que la responsabilidad no alcance a tu vivienda habitual debes hacerlo constar en el Registro Mercantil y en el Registro de la Propiedad.

Con el paso del tiempo, como decíamos antes, puedes convertirte en una SL, si se dan una serie de circunstancias:

  • Tus ingresos superan los 40.000 euros anuales.
  • Deseas proteger tu patrimonio.
  • Quieres dar una mejor imagen de marca.
  • Te asocias con otras personas.

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