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Digitalización a la fuerza: una de las consecuencias del COVID-19

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En los tiempos que corren, puede que haya una pregunta que esté rondando la cabeza a más de uno: quién ha hecho más por la digitalización de tu negocio, ¿el CEO, el CIO o el COVID-19?

La respuesta no solo la intuimos, sino que un reciente estudio de IDC realizado entre empresas españolas lo constata.

José Antonio Cano, Director de Análisis y Consultoría de IDC Research España, asegura que el COVID-19 ha servido para acelerar esta transformación dentro de las organizaciones, pero avisa de que este proceso se está realizando de manera desigual.

Esta mayor digitalización es evidente en las políticas de smart working, pero también ha servido para testear los planes de contingencia y resiliencia de los negocios. En otros casos, el impacto de la pandemia ha servido para apalancar, desarrollar o analizar el impacto de estas políticas y estrategias en la organización.

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Objetivo: garantizar el teletrabajo

Los analistas de IDC constatan que, con la llegada del Estado de Alarma, la recomendación de teletrabajar y el confinamiento de las personas en sus lugares de residencia, las empresas han reaccionado reorganizándose internamente.

Durante las primeras dos semanas, los profesionales tecnológicos de las empresas estaban enfocados en que el empleado pudiera conectarse.

IDC asegura que en aquellos momentos la compra de portátiles y tablets para equipar a los empleados fue bastante complicada, por lo que hubo un repunte de productos reacondicionados.

Aunque al principio el departamento de TI no podía garantizar que todos los dispositivos tuvieran la configuración adecuada, las empresas se enfrentaron a que se produjo una rotura de rutinas y de procesos a la hora de trabajar y conectarse a los recursos corporativos. La respuesta del departamento de tecnología tuvo que dejar a un lado estas políticas internas dado que su gran objetivo fue garantizar que la gente estuviera conectada.

A ello se tuvo que añadir la complejidad de que no todos los trabajadores tenían la experiencia ni la cultura de trabajo en remoto.

«El ancho de banda al principio no era suficiente para determinadas actividades», asegura José Antonio Cano.

«Algunas operativas o cargas de trabajo no se podían hacer en remoto, como las fábricas o determinadas industrias. Otras no tenían un mapa de proceso desarrollado y no se habían planteado este tipo de políticas de trabajo remoto«, explica el analista de IDC.

Algo que ha conllevado que el 10,2% de las empresas españolas consultadas por IDC reconozcan que hay relación de baja productividad y trabajo en casa.

Además, el problema de los silos, de la poca comunicación entre los diferentes departamentos del negocio, ha sido un impedimento añadido a la hora de poder aplicar el trabajo en casa durante la época de confinamiento. Incluso en aquellas empresas que tiene un grado de madurez tecnológica se siguen trabajando en silos interdepartamentales. Algo que en estos momentos de confinamiento ha podido ser un escollo aún mayor a la hora de poder garantizar la continuidad de negocio.

Según IDC, la respuesta que los departamentos de tecnología han dado ha sido garantizar el smart working, aunque cada grupo de trabajo o departamento lo hiciera de manera independiente y no hubiera un denominador común en estas políticas.

Cambios en la inversión tecnológica

El COVID-19 ha tenido un impacto en las ventas calificado de espectacular por IDC, a tenor de los resultados de esta encuesta realizada a 130 directores generales y decisores de TI.

  • El 73% de ellos reconocen que han tenido un impacto importante en disminución de ventas tras la llegada de la pandemia.
  • La bajada es de alrededor de un 20% y hay tres motivos principales: la cancelación en órdenes de pedido, posponer esos pedidos o reducir la cantidad a la que asciende la orden de compra.

Esto, evidentemente, también va a tener su reflejo en las inversiones tecnológicas que van a realizar las empresas. Más de la mitad de las empresas van a tener decrecimientos en gasto en TI durante este año, pero no todas coinciden sobre en qué áreas se van a priorizar la inversión y en cuáles se va a reducir el presupuesto.

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Servicios y hardware son las áreas tecnológicas de más impacto, según aventura IDC.

Mientras, las herramientas de colaboración están suponiendo en estos momentos el 70% de inversión, aunque antes se ha tenido que garantizar que todos los empleados tenían dispositivos que permitieran esta colaboración.

Las aplicaciones en la nube, por ejemplo, son otras áreas en las que las empresas están volcando sus inversiones.

Beneficios de la digitalización

Sin embargo, parece que algunas de las enseñanzas que esta digitalización a la fuerza que ha traído el COVID-19 han calado hondo y se mantendrán en el futuro.

  • Así, el 47% de las empresas encuestas aseguran que, una vez que se haya superado este confinamiento y esta pandemia, seguirá ofreciendo en mayor o menor medida smart working.
  • Una de cada cuatro sube su apuesta y asegura que ofrecerá políticas de trabajo en casa con total seguridad. El 18% dice que no han cambiado sus políticas en este sentido.

Tal y como recuerda IDC, lo que se conoce como smart working también tiene una serie de beneficios. Así, y aunque la conciliación es uno de los tópicos más recurrentes, para la consultora es aún mayor el de la eficiencia.

«Hay menos desplazamientos y más aprovechamiento de la infraestructura y la automatización», señala Cano, quien también apunta al impacto que hay en trabajo por objetivos y su priorización. «Para reaccionar de manera más ágil y flexible, las empresas se están transformando no solo en operativa sino en la cultura de los trabajadores», explica.

Este analista concluye que el COVID-19 ha traído consigo el aumento de la cultura digital, aunque haya sido a la fuerza. Pero, al lograr ser más ágiles, «las empresas serán capaces de reaccionar mejor en próximas crisis. Toda relación con clientes, proveedores y trabajadores a través de los canales digitales es un impacto acertado, así como la venta por canales sociales. Se van a aprovechar estas tecnologías para reaccionar y estar preparados para la próxima crisis», avanza.

Así pues, tal y como concluye, «ahora hay que normalizar lo que ha sido anormal durante estas primeras fases de confinamiento».

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