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Robots en el trabajo: ¿tendrán que pagar impuestos?

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Robos ejecutivos

La robotización de numerosos puestos de trabajo ha puesto en alerta a la sociedad, que ya se plantea si el sistema podría mantener a robots desempeñando actividades profesionales y si sería factible que estos androides pagaran impuestos por ello.

  • Te contamos lo que opinan los expertos sobre la robotización del mercado laboral
  • Descubre si sería factible o no que los robots pagaran impuestos en un futuro

Aspiradoras que limpian de manera autónoma la oficina, bots que se encargan del servicio de atención al cliente mientras el empleado no está disponible, máquinas que cargan y descargan solas la mercancía a transportar…

Dice la Constitución que todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos. ¿Y en ese «todos» entrarán los robots? Averígualo aquí.

La tecnología robótica ha llegado a la oficina. Y todo apunta que lo ha hecho para quedarse. Ahora bien, el otorgamiento de un mayor protagonismo a los robots en el trabajo y la sustitución de los humanos en algunas tareas ha suscitado una serie de cuestiones legales como, por ejemplo, si los robots también deben pagar impuestos.

Pagar IRPF y cotizar a la Seguridad Social

La introducción de los robots en el mercado laboral va a suponer un cambio importante. Tecnólogos como Bill Gates aseguran que este proceso supondrá de aquí a unos años un cambio en las reglas de juego. A su juicio, deberá compensarse a los trabajadores sustituidos y una de las maneras de hacerlo es haciendo pagar impuestos a los robots.

Bill Gates considera que habría que compensar a los trabajadores sustituidos por robots

Más de la mitad de los jóvenes considera que los robots deben pagar el IRPF y cotizar a la Seguridad Social. Así se desprende de una encuesta elaborada por el Instituto Santa Lucía en el periodo comprendido entre 2017 y 2018. Además, el 71,46% de aquellos que han nacido entre 1981 y 1993 consideran que la robotización del trabajo deberá llevar asociada una especie de renta compensatoria para aquellos empleados que hayan sido sustituidos.

Un 60% de robotización

Primero fue la Revolución Industrial y ahora la robotización o la también denominada industria 4.0. Parece obvio que el desarrollo tecnológico vuelve a plantear a la sociedad una reestructuración organizativa, como ya ocurrió en el pasado. La llegada de los robots supondrá una modificación del sistema desde la raíz y afectará, previsiblemente, a la Administración.

Hay quien apunta a que en los próximos años el nivel de robotización en el empleo supondría el 60%. Esto quiere decir que el 60% de los puestos de trabajo actuales serán prescindibles. Ahora bien, también hay que tener en cuenta que la robotización y otros procesos de actualización tecnológica están generando nuevos puestos de trabajo.

Si los robots no cotizaran a la Seguridad Social y no pagaran impuestos, es posible que se provocaran problemas económicos en los estados

En todo caso, la tributación sobre los salarios es una de las grandes fuentes de ingresos públicos en la mayoría de los países. Si se emplearan robots en muchos puestos de trabajo, la productividad aumentaría; pero, si los robots no cotizaran a la Seguridad Social ni pagaran impuestos, el efecto total sobre los ingresos públicos es incierto.

¿Qué impuestos abonarían los robots?

Que los robots pagasen impuestos favorecería la sostenibilidad del sistema. Por tanto, los expertos consideran que las empresas que generen poco empleo debido a que automatizan la mayor parte de sus procesos productivos deberían pagar un impuesto a dicha automatización.

Otra opción que se baraja es que las empresas abonen en un único pago una cantidad que se calcularía en función de la capacidad de producción del robot.

Una tercera posibilidad sería gravar la actividad que desempeña el robot mediante el IVA y que la empresa abone el IVA de dicha actividad una vez finalizada.

Gran parte del debate sobre robotización gira en torno a su incidencia sobre la estabilidad del sistema

Estas posibilidades han generado cierta controversia entre los tecnólogos, pues piensan que, al poner impuestos sobre la actividad empresarial, se frenaría la capacidad de innovación de muchas compañías, sobre todo de las pequeñas, que tendrían menos capacidad económica para afrontar los costes.

En definitiva, los avances tecnológicos llevan a muchos a plantearse si trabajadores y máquinas podrán cooperar a nivel laboral en un futuro y si el empresario saldrá más beneficiado de la productividad que aportan los robots o con el valor añadido de los trabajadores de carne y hueso.