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Robots: ¿solo máquinas o trabajadores, de hecho?

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Explicamos las principales opiniones acerca de la robótica y de la posibilidad de que las llamadas personas electrónicas puedan cotizar a la Seguridad Social y pagar impuestos.

  • La tecnología se explica como la aplicación de un conjunto de conocimientos y habilidades para conseguir una solución que permita al ser humano resolver un problema o satisfacer una necesidad
  • La robótica se define como una rama de la tecnología que estudia el diseño y construcción de máquinas capaces de desempeñar tareas realizadas por el ser humano o que precisan del uso de inteligencia

La tecnología puede emplearse para mejorar el trabajo del ser humano y disminuir los esfuerzos físicos empleados. Por tanto, tiene un gran potencial para incrementar la calidad de vida de la población. No obstante, también es posible que, en algunos casos, la tecnología contribuya a generar o agravar diferencias sociales, contaminar el medio ambiente o provocar desocupación en trabajadores reemplazados por robots.

Conforme a algunos estudios realizados, como, por ejemplo, uno que estudia el caso alemán, hoy por hoy, no afectan al empleo en cómputo global. Sin embargo, si realizamos un análisis más sectorial, vemos cómo ha afectado fuertemente al empleo del sector de productos manufacturados. Según este estudio, de media, cada nuevo robot elimina dos puestos de trabajo manufactureros.

Los críticos de la robotización

Los más críticos en contra de los beneficios sociales de la robotización prevén que, dentro de las distintas posibilidades, y ante la escasa planificación que se está demostrando a la hora de regular y legislar la aplicación de la robótica y programas de inteligencia artificial en las empresas, lo más probable puede ser que la robotización se despliegue a gran escala y sin ningún tipo de planificación.

Si esto ocurre puede generar desequilibrios en mercados, incluso países, sobre todo en lo relativo al ámbito laboral, provocando despidos, generando desigualdad y escasez de posibilidades para aquellos trabajadores que no se encuentren, ya no sólo cualificados, sino muy especializados.

Los favorables a la robotización

Por otro lado, las opiniones favorables vienen a afirmar que los robots no destruyen empleo. Basan sus argumentos en que, simplemente, se trata de un cambio de roles y que ya se vivió, en otras épocas como, por ejemplo, durante la Revolución Industrial. Los robots asumirán labores y tareas que antes realizaban las personas, pero ello necesariamente redundará en la aparición de nuevos puestos de trabajo relacionados directamente con el desarrollo y mantenimiento de esos robots.

La tributación de las personas electrónicas

En cualquier caso, en el parlamento de la Unión europea, esta problemática no es algo nuevo. En concreto, desde la propuesta de la socialdemócrata luxemburguesa Mady Delvaux presentada ante la Comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo, se ha aprobado un informe cuyo objetivo es regular la inteligencia artificial, crear un registro de robots e impulsar una agencia dedicada a estos asuntos.

Más concretamente, se está contemplando esta problemática analizando la posibilidad de la creación de la figura legal de las personas electrónicas y que pretende, entre otras cosas, que los robots paguen impuestos y coticen a la Seguridad Social. Su fin no reside en tratar el problema de si los robots o la inteligencia artificial son buenos o no, sino garantizar el sistema de bienestar.

Lo que, sin duda, es evidente es que la Revolución 4.0 es un hecho. La cifra de robots que realizan operaciones más o menos complejas es imparable. Independientemente de sus características, los robots no dejan de ser solamente máquinas equipadas con circuitos y sensores. Cada vez son más sofisticados y, aplicando la inteligencia artificial, más autodidactas.

Todo parece indicar que los robots ocuparán inexorablemente cada vez más puestos de trabajo. Desde el Parlamento Europeo y con el ánimo de poder dar cabida en la sociedad y la economía a esta nueva realidad, los europarlamentarios parece que tienen clara la necesidad de perfilar jurídicamente a la figura del robot con un estatus legal de persona electrónica.

Sin embargo, aunque existe un posicionamiento al respecto, la implantación no es fácil, ya que existe una serie de obstáculos legales que necesitan solventarse, para que los robots coticen y paguen impuestos como cualquier trabajador. Algunos de ellos son:

  • Con la normativa vigente en España y desde un punto de vista fiscal, no sería posible exigir el pago de los tributos más relevantes a un robot. El artículo 8 de la Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), hace referencia explícita a las personas físicas. Y el artículo 7 de la Ley 27/2014, de 27 de noviembre, del Impuesto sobre Sociedades a personas jurídicas. Habría que modificar la norma e incluir a las personas electrónicas (robots).
  • ¿Quién sería el sujeto pasivo del impuesto? ¿El propietario del robot y empleador o, por el contrario, el fabricante?
  • La ley de la Seguridad Social necesitaría también una revisión y actualización. Con la legislación actual, los robots tampoco podrían estar incluidos en el sistema de la Seguridad Social, ya que el concepto de persona electrónica no existe en la normativa jurídica española, ni europea. Incluso, habría que estudiar qué derechos podrían producir estas cotizaciones.

Como vemos ante una realidad de este calibre no se puede mirar hacia otro lado como ya se ha hecho en otras ocasiones a lo largo de la historia. Nos encontramos aún en el principio de un viaje todavía por cuantificar, que no debería transcurrir sin control, y debería intentarse, en la medida de lo posible, que sea lo más llevadero y beneficioso posible.