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Cómo sería una semana con jornada laboral de cuatro días

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Analizamos las repercusiones empresariales de una posible reforma legal que incorpore una jornada laboral de cuatro días.

  • Podría aportar mejoras en la conciliación y calidad de vida de los empleados, en el equilibrio emocional, en su motivación, en el clima laboral y en la disponibilidad de tiempo para realizar actividades que potencien la productividad, entre otros beneficios
  • Contar con solo cuatro días laborales en la semana es un gran reto organizativo y para las inversiones materiales de la empresa

Contenido del post

  1. ¿Qué beneficios se pretenden con una semana laboral de cuatro días?
  2. ¿Cuáles son las principales amenazas en la jornada laboral de cuatro días?
  3. ¿Los jefes trabajarían también cuatro días por semana?
  4. ¿Cómo podría afectar a la productividad laboral?
  5. El efecto sobre sueldos y costes salariales
  6. La semana de cuatro días y los costes de transporte
  7. ¿Qué hacemos con los estudios de los niños?

El debate sobre la jornada laboral vuelve a estar de actualidad. Ya hace mucho tiempo que se viene hablando del smart working y sus implicaciones sobre la configuración de las jornadas. En los últimos tiempos, se está valorando una reforma legal sobre los usos del tiempo en el trabajo. Y ahora también se reaviva una vieja controversia: la conveniencia o no de instaurar una semana laboral de cuatro días.

Incluso algunos grupos políticos han planteado la posibilidad de lanzar una línea de ayudas para facilitar la transición a las empresas. En todo caso, el Gobierno ha manifestado que está valorando medidas de este tipo, pero como parte de una norma más compleja. Veamos las principales implicaciones que traería a las empresas.

¡TUITÉALO! ¿Te atreves a pensar cómo sería tu semana laboral con cuatro días? Te contamos las ventajas y desventajas.

1) ¿Qué beneficios se pretenden con una semana laboral de cuatro días?

En primer lugar, se busca una mejora en la calidad de vida de los trabajadores. Con más tiempo libre, se espera:

  • Una atención más adecuada de las necesidades familiares y personales y una mejor conciliación con la actividad laboral.
  • Un refuerzo de las relaciones sociales.
  • Menor estrés que propicie ideas más claras y, como resultado, una mejor interacción entre compañeros.
  • Mayor interés por el trabajo. 
  • Un ambiente más agradable y humanizado, con trabajadores más motivados y con ganas de aportar.
  • Un aprovechamiento más inteligente del tiempo libre, incluso con actividades que incrementen su productividad, como las que tienen que ver con el cuidado de la salud, el refuerzo de la cultura y la formación o la adquisición de experiencias enriquecedoras.
  • Un sentido más práctico del tiempo de trabajo, con un trabajador más concernido por atender bien sus responsabilidades en el menor tiempo posible.

Entre las aspiraciones de una semana laboral de cuatro días, figuran mejoras en la conciliación, lucha contra el estrés laboral y un clima de trabajo más humano.

2) ¿Cuáles son las principales amenazas en la jornada laboral de cuatro días?

Todos esos beneficios son posibles pero no sencillos. Habría que luchar contra diferentes amenazas y dificultades:

  • La conciliación no solo es cuestión de disponer de tiempo, sino de saber distribuirlo.
  • El equilibrio emocional depende de la calidad del tiempo de ocio y no está claro que esta vaya a mejorar por la instauración de una jornada laboral de cuatro días.
  • Algunos trabajadores pueden sentirse desmoralizados al pensar que su empresa cada vez necesita que pasen menos tiempo en ella.

El éxito o fracaso de una jornada laboral de cuatro días depende en buena medida de la habilidad de las personas para gestionar su tiempo y sus emociones.

3) ¿Los jefes trabajarían también cuatro días por semana?

En principio, una empresa que puede permitirse que sus directivos falten tres días por semana debe funcionar muy bien. A ellos les corresponde buena parte de las decisiones más delicadas ante imprevistos. Que puedan delegar en otros empleados es una muestra de confianza y de que la estructura organizativa responde muy bien.

Sin embargo, muchas empresas no tienen un panorama tan idílico. Existe un elevado grado de dependencia de una o varias personas clave, que son capaces de aprovechar las oportunidades y ofrecen una gran capacidad de respuesta ante situaciones infrecuentes. Aportan un gran valor al negocio, pero su ausencia es un problema. Además, a muchos de ellos les cuesta desconectar.

Entre los jefes, la jornada de cuatro días se enfrenta a la cultura de la continuidad y disponibilidad presente en muchas empresas.

Que haya mundo más allá de la empresa para los jefes puede aportar creatividad, otro punto de vista y nuevos contactos y experiencias. Sin embargo, la mayoría de las empresas temen que ese tiempo libre adicional de sus jefes acabe por abrirles vías profesionales fuera de la empresa.

El miedo a la fuga de talento motiva que muchas empresas planean una jornada a dos velocidades. Los jefes tendrían una mayor carga de trabajo y la semana laboral de cuatro días podría plantearse en niveles más bajos del organigrama.

El problema es que esa medida podría ser vista por muchos como una fórmula para señalizar qué empleados son prescindibles. Así, la semana de cuatro días laborables podría parecer un ‘caramelo envenenado’. Quien la disfrutase podría considerar su puesto y su proyección futura en peligro.

4) ¿Cómo podría afectar a la productividad laboral?

En este punto, además de la materialización de las oportunidades y amenazas antes comentados, hay otras dos cuestiones fundamentales:

  • Hay que saber abordar un cambio organizativo. Se tiene que decidir si crear nuevos turnos, cerrar un día adicional a la semana, ver si es posible hacer lo mismo de otra manera… Del acierto de las respuestas a estos retos depende buena parte del éxito o fracaso de una jornada laboral de cuatro días.
  • El cambio también afecta a los recursos materiales. Si la confluencia de muchos trabajadores empleándolos produce congestión, que se turnen puede incrementar la productividad. Si los recursos son más individualizados, incorporar a nuevos trabajadores para los turnos adicionales exige inversiones para equiparlos. Además, si no se acometen, la productividad laboral puede descender.
Sage

Una jornada laboral de cuatro días es un reto para la reorganización de actividades.

5) El efecto sobre sueldos y costes salariales

En general, las reclamaciones sindicales, buscan una reducción de horas con mantenimiento de salarios. Si los potenciales efectos beneficiosos para la productividad se materializan, es probable que sea un requerimiento razonable.

Pero, incluso con reducción proporcional del sueldo, podría ser una medida interesante para bastantes trabajadores por el efecto fiscal. Al reducirse su retribución, el tipo de gravamen y la base imponible del IRPF son menores. La reducción del sueldo neto es menor que la del bruto.

Sin embargo, eso funciona peor con trabajadores con sueldos extremos. Los que ganan mucho, verán una reducción pequeña de su tipo de gravamen porque seguirán en los tramos más elevados de la escala. Los que ganan poco, poco ahorro fiscal pueden esperar.

Una posible disminución de sueldo se vería amortiguada en las rentas medias por el efecto fiscal de una menor base imponible y un tipo de gravamen más reducido.

6) La semana de cuatro días y los costes de transporte

En principio, permitiría ahorrar un valioso tiempo de viaje hacia el trabajo. No obstante, hay otras medidas, como el teletrabajo ciertos días de la semana, que también pueden hacerlo. Además, se puede ahorrar dinero a los trabajadores, pero no siempre. Algunos se desplazan a pie, en bicicleta, con un abono transporte con una tarifa plana o alternativas semejantes.

Para las empresas que pagan a sus empleados por los gastos de transporte o, incluso, contratan servicios para desplazarlos, podría ser también una fórmula de ahorro, especialmente si tiene muchos costes variables en ese capítulo.

7) ¿Qué hacemos con los estudios de los niños?

La semana de cuatro días laborables podría venir acompañada de la reducción de un día lectivo en los estudios de los niños. Parecería una medida lógica si pensamos que sus maestros y profesores trabajan menos.

En ese caso, la primera repercusión es una disminución del número de horas que se tiene para dar todo el programa de asignaturas. Por lo tanto, habría que plantearse qué materias estarían afectadas por la reducción.

También se puede ampliar las plantillas para cubrir las mismas horas lectivas con más profesores que trabajen menos horas a la semana. El problema es cómo convencer a los niños de que el tiempo libre que es tan bueno para sus mayores no lo es para ellos.

Si se opta por la semana escolar de cuatro días, la dificultad viene de que, aunque se extendiese entre muchas empresas, la jornada de cuatro días no sería universal. En ese caso, los trabajadores que continúen con cinco días laborables sufrirían un desacople con las semanas lectivas de sus hijos. Puede que esto ocasione un movimiento de rechazo a la semana laboral de cuatro días.

En definitiva, la semana laboral de cuatro días es una propuesta que se inserta en un ambiente general de prueba de muchas nuevas iniciativas en materia de gestión de recursos humanos.

Nota del editor: Este artículo fue publicado por primera vez en 2018 y actualizado en 2021 por su relevancia.

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