Personas y Liderazgo

¿A quién pertenecen los clientes?

Cuota de autónomos

Una sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, de 18 de junio de 2012, ha levantado estos días, de nuevo, uno de los temas que suelen dar que hablar en el mundo empresarial. Se trata de un caso de un trabajador de una empresa, que solicita la baja voluntaria y, acto seguido, se establece como autónomo, pasando a desarrollar la misma actividad que venía desempeñando en la empresa para tres de sus clientes, los cuales comunican el cese de relaciones a la empresa y contratan el servicio al autónomo.

¿Es ilegal la actuación de esta persona? ¿Puede impedir la empresa que se produzca una fuga de clientes? ¿Se puede llevar un trabajador clientes de su empresa a otro negocio? En este post, vamos a analizar la sentencia y a dar respuesta a estas y otras preguntas relacionadas, las cuales a buen seguro serán de interés de muchas personas que leen este blog.

Un trabajador pide la baja voluntaria para desarrollar la misma actividad por su cuenta

El caso consiste en un trabajador de una empresa, que solicita la baja voluntaria y, acto seguido, se establece como autónomo, pasando a desarrollar la misma actividad que venía desempeñando en la empresa para tres de los clientes que ya trabajaban con ella. En simultáneo, dichos clientes comunican el cese de relaciones a la empresa. La empresa demanda porque considera que tales hechos constituyen una violación de sus derechos.

La sentencia considera que los hechos son lícitos y que el trabajador ha obrado dentro de la ley, sin haber deslealtad a la empresa o uso de información confidencial:

  • «La sociedad demandante no puede impedir a un empleado suyo… que deje su trabajo y desarrolle una actividad semejante, para la que precisamente estaba profesionalmente preparado…; tampoco puede impedir que se constituya una sociedad que tenga una actividad en parte coincidente con la suya; por último, no puede evitar que aquel empleado pase a desarrollar su actividad profesional en esta nueva empresa».
  • En este caso «en principio, la lucha por la captación de la clientela es lícita, y razones de eficiencia económica la justifican».
  • Con referencia a la captación de la clientela, que «no hay ilícito cuando se produce tal circunstancia una vez extinguido el vínculo contractual anterior (S. 24 de noviembre de 2006); y ello es así porque, si bien la clientela supone un importantísimo valor económico, aunque intangible, no existe un derecho del empresario a la misma, por lo que cualquier otro agente u operador en el mercado puede utilizar todos los mecanismos de esfuerzo y eficiencia para arrebatar la clientela al competidor».

En conclusión, la sentencia afirma que el ex-trabajador puede, lícitamente, dirigirse a esos clientes al abandonar la empresa y ofertarles sus servicios, porque ese conocimiento forma parte de su experiencia y habilidades (a menos que se trate de una información secreta, lo que en este el caso no se ha alegado, o que exista una prohibición contractual de hacerlo o un pacto de no competencia post-contractual, que tampoco se ha alegado; y si lo hubiese, no sería un acto de competencia desleal, sino una infracción contractual).

¿Qué se puede hacer para que las empresas impidan que sus trabajadores les hagan la competencia

En este caso, el empleado se «ha llevado» tres clientes y la sentencia considera que las formas fueron lícitas. Bien diferente sería la cosa si se el empleado se hubiera apropiado de una base de datos de clientes, cosa que en la práctica no es fácil de demostrar, y el número de «tránsfugas» fuera mayor. Difícilmente se puede eliminar al 100% el riesgo de que un trabajador se lleve una base de datos o información de clientes, pero sí que es cierto que trabajar con un sistema CRM integrado, ayuda a evitarlo.

Soportar los procesos comerciales en un CRM, permite mantener la información comercial en todo momento bajo control, dentro de los sistemas corporativos, minimizando el riesgo de fugas de información para su uso en beneficio de terceras partes. Pero no nos engañemos, siempre habrá alguna vía para que puedan salir datos de la empresa, por mucho que se empeñe quien sea en desarrollar el sistema informático más seguro del mundo. Por ejemplo, a través de informes de clientes o exportando la agenda de contactos de un teléfono móvil corporativo. Buscar el sistema perfecto es una utopía, pero un CRM siempre ayuda a que todo esté bajo control y a minimizar los daños en caso de intento de robo de información.

Una cosa que nunca se podrá hacer «físicamente» es borrar la mente de la persona que ha trabajado en la empresa, es decir, eliminar su experiencia y relaciones desarrolladas a lo largo de su carrera. Tampoco conviene decirle al cliente con quien puede trabajar o no, ya que esto enturbiaría la relación comercial y a buen seguro que provocaría el cese de actividad con él al cabo de un tiempo. Así que, para evitar situaciones como la de este caso, es recomendable emplear soluciones en el terreno legal laboral.

Por ejemplo, se pueden contemplar una serie de cláusulas anexas al contrato, que contemplen los distintos casos de competencia que se pudieran producir durante y después de la extinción del mismo y delimitando cada uno de ellos. Se puede incluir una cláusula que limite o prohíba temporalmente la actividad en otra empresa que desarrolle la misma actividad, en un determinado sector y también por cuenta propia. Se trata de delimitar la incompatibilidad de materia.

Conclusiones

Un punto que toca la sentencia es el del valor afectivo que la empresa percibe gracias al trato personal. No se puede olvidar que las empresas son personas, las cuales desarrollan una actividad. La confianza en un empleado es vital para que la relación comercial sea fluida y tenga continuidad a lo largo del tiempo y muchas veces ocurre lo que ha sucedido en este caso. La empresa cliente y el trabajador del proveedor han establecido una relación tan fuerte, que prima el valor que aporta la persona, sobre el que puede aportar la empresa.

Respondiendo a la pregunta que da título a este post, la conclusión es que, en la empresa, como en la vida misma, se confía en un amigo, en la pareja, en un familiar, en definitiva, en personas a las que basta un gesto o unas pocas palabras para saber como están las cosas y eso se consigue con el paso del tiempo y los acontecimientos. Los negocios también son una cuestión de confianza, de relaciones que funcionan o no y, a veces, es inevitable que ocurran casos como el de esta sentencia. Si encima se sale un intermediario del proceso, abaratándolo y simplificándolo ¿por qué no ibas a seguir con quien sabes que te aporta un valor seguro?