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El liderazgo diverso y la idiosincrasia española [Fernando Botella, CEO de Think&Action]

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El liderazgo diverso y la idiosincrasia española [Fernando Botella, CEO de Think&Action]

La globalidad no implica uniformidad, sino enriquecimiento a través de la diversidad. Las organizaciones buscan líderes capaces de nutrirse de distintos estilos, de aprender y adaptarse a gran velocidad al cambio, incluso cuando este implica renunciar a las propias creencias.

En ese contexto, no hay un estilo único ni mejor, pero sí características propias de las diferentes culturas más adecuadas a las condiciones actuales y futuras. Ese líder diverso nacería de una hibridación de rasgos culturales en los que algunos elementos de la propia cultura serían desechados y se incorporan otros ajenos.

La educación también marca el liderazgo

Poniendo el foco en los líderes españoles, habría que empezar por decir que uno de los déficits que cabe apuntar en su debe no es responsabilidad suya. Y es que nadie se ha preocupado nunca por enseñarles en qué consiste ser un buen líder. No, al menos, en las primeras fases de su educación. En su afán por otorgar a todos los chicos y chicas un tratamiento igualitario basado en la igualdad de oportunidades, a veces el sistema educativo tiende a ignorar el potencial de liderazgo de los más jóvenes, por lo que no se cultiva.

Si a eso le añadimos la completa ausencia de una cultura empresarial en los programas formativos, tanto en el colegio como en la propia universidad, nos encontramos con que los jóvenes no reciben sus primeras nociones encaminadas a conducir con éxito equipos de trabajo hasta el MBA. No es que sea demasiado tarde, pero sí representa un inconveniente cuando hablamos de mercado globales porque sitúa a estos chicos en una situación de clara desventaja. Sin ir más lejos, frente a sus contemporáneos en otros países, como los anglosajones, donde el germen de la iniciativa individual y empresarial se fomenta desde mucho antes.

Errar es de sabios, y de líderes

Otra virtud de líder actual que está más desarrollada en culturas anglosajonas que en la española e incluso en la europea, es la tolerancia al error. Estados Unidos lleva años de ventaja en cuanto a la implantación de un estilo de liderazgo redarquico más que jerárquico. En el mismo, los galones del líder y la prevalencia de sus ideas se difuminan en aras de estimular la iniciativa individual y colectiva entre los miembros del equipo.

En un contexto de máxima incertidumbre como es el actual, las culturas organizativas que mejor se adaptan y mayores posibilidades de supervivencia tienen son aquellas en las que el futuro de la compañía no depende de las genialidades de un solo individuo o de un reducido grupo de élite. El líder aporta la visión y el impulso, pero no ostenta la exclusiva sobre las ideas. En las empresas que más éxito tienen actualmente, los profesionales no son sancionados por sus jefes cada vez que cometen un error. Triunfan aquellas organizaciones que saben crear un ambiente de confianza en el que los colaboradores sienten que se cuenta con ellos y que sus opiniones son valoradas y requeridas. Y eso sólo se logra si los líderes lo fomentan y estimulan. El valor de una cultura participativa y colaborativa es absolutamente diferencial tanto en términos de competitividad como de nivel de compromiso de la plantilla.

Se valorarán habilidades sociales y buenas formas

Otra característica diferencial de este líder diverso son sus habilidades sociales y de comunicación. En Estados Unidos y otros lugares, estas capacidades se consideran como uno de los elementos clave del liderazgo del futuro, ya que son esenciales para aglutinar voluntades alrededor de un objetivo común. El líder actual, más que un estratega que tiene todas las respuestas, es un explorador que sabe motivar a su equipo para que se haga las preguntas adecuadas, y esto sólo se logra habiendo desarrollado unas extraordinarias habilidades de comunicación.

Muy entroncado con este rasgo, está otra de las diferencias apreciables entre el liderazgo que se practica en España y el que triunfa en otras latitudes. Sus formas.

El líder lo es, entre otras cosas, por el efecto que produce en sus colaboradores. Y en esa capacidad de influencia sobre las personas que tiene a su alrededor, las formas, sus gestos, el tono que utiliza al hablar y las palabras que escoge adquieren gran importancia.

El nuevo liderazgo que triunfa es respetuoso y conciliador. El tradicional estilo autoritario, que impone su criterio de un modo avasallador y arrogante, es un modelo caduco, condenado a la extinción por su ineficacia a la hora de movilizar voluntades. Y ese estilo del “ordeno y mando” se caracterizaba precisamente por una manera de decir las cosas agresiva y, en ocasiones, hiriente. Si a este factor le añadimos el componente cultural, el resultado puede resultar demoledor.

La idiosincrasia del líder nacional

Es una de las razones por las cuales algunos directivos españoles, muy preparados y con un desempeño impecable a sus espaldas, fracasan cuando son destinados a otras áreas geográficas, como Latinoamérica. Y es que el estilo español, incluso cuando no se trate de un líder de la vieja escuela, puede resultar demasiado directo y chocante en determinados contextos. Un simple comentario, hecho con ánimo de motivar, puede ser malinterpretado y obtener el resultado contrario si quien lo hace no tiene en cuenta que necesita adaptar su discurso a la idiosincrasia del lugar en el que se encuentra. En muchos países latinos es más operativo extremar la corrección y medir muy bien el tono y las palabras que se escogen para interpelar al equipo.

No todo va a ser desventajas para el liderazgo español. De lo contrario, nuestros directivos y empresarios no tendrían el buen predicamento del que gozan fuera de nuestras fronteras. En numerosos aspectos, el estilo de liderazgo que se ha venido desarrollando en España en los últimos años posee elementos admirados y exportables. La crisis ha agudizado todavía más la fortaleza, la pasión, el ingenio, los recursos y la resiliencia que desde siempre han caracterizado a los líderes españoles. Unas cualidades que ellos han sabido adaptar y moldear a las nuevas circunstancias del mercado y que se han plasmado en enfoques más creativos y que apuestan por la innovación como un elemento claramente diferenciador.