¿Para quién trabajas?

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¿Para quién trabajas? Resultan curiosas las respuestas que se obtienen cuando se les plantea esta cuestión a los distintos perfiles que trabajan en una empresa. Puedes hacer la prueba y verás cómo cada perfil seguramente lo enfoca de una manera diferente.

Unos responden que trabajan para su jefe; otros que lo hacen para sí mismos y poder llevar un sustento a casa; otros no saben muy bien qué contestar. En el caso del personal subcontratado, muy típico del sector TI, la cosa se complica al haber más de un jefe. En un primer momento, serán pocos los que responderán que trabajan para sus clientes.

Saber para quien se trabaja, clave para fijar un objetivo común

Lograr que todas las personas trabajen en la misma dirección, con un fin común, es una de las misiones que tienen los mandos y directivos de cualquier empresa. No resulta una tarea sencilla, dado que hay muchos intereses particulares en juego, en función del perfil del que se considere. La visión personal que puede tener quien ocupa un puesto de currito, a buen seguro no será la misma que desde la silla de la dirección.

Todos a una, Fuenteovejuna. Ese es uno de los objetivos por el que deben trabajar sin tregua los mandos en las empresas. Hacer equipo, pero de verdad, y no sólo como parte de un programa de competencias que se gestione desde el departamento de recursos humanos.

Hacer la reflexión de saber para quien se trabaja, es un “ejercicio espiritual” que todas las personas que colaboran en una empresa deberían realizar en alguna ocasión. La respuesta última a la cuestión, al igual que en los mundos sagrados, es que en el mundo de la empresa se trabaja para un “dios todopoderoso” que se llama “el cliente”. Vayan por delante todos mis respetos por el símil religioso.

Estrategias para alinear esfuerzos y lograr el foco hacia el cliente

Las estrategias para alinear los esfuerzos de todas las personas que trabajan en una empresa hacia el cliente, no son una ciencia exacta. Puede que unas funcionen en un sector, pero no en otro; unas son aplicables en una empresa y en otras, no. Pero hay una serie de medidas que siempre ayudan y nunca están de más:

  • Comunicar bien: la comunicación es uno de los elementos clave a la hora de alinear esfuerzos hacia el clente. Si las personas que trabajan no saben quienes son sus clientes, qué hace la empresa por ellos, cómo lo hace, por qué… difícilmente podrán orientar su trabajo hacia un fin común. Si la comunicación no es buena, lo harán como mejor sepan y esto no siempre significa que se reme en la dirección adecuada.
  • Tratar a todos los empleados por igual: el trato personal en la empresa es bastante importante, dado que el centro de trabajo es el lugar donde más horas pasan cada día muchas personas. Favorecer un buen ambiente, une a las personas, lo que facilita el trabajo en equipo y que fluya la comunicación entre ellas. Si se gestiona el personal como si fuera un equipo de fútbol, con “Zidanes y Pavones”, puede que esas diferencias acaben por separar a las personas demasiado, tanto como para que cada uno reme hacia donde le sea más cómodo.
  • La verdad, siempre por delante: las personas necesitan saber la verdad de lo que ocurre a su alrededor. Tanto para lo bueno, como para lo malo, la empresa debe mantener una conversación permanente con los trabajadores, comunicándoles las cosas que funcionan y las que no. De esta manera, al ser informadas las personas, se sienten parte importante del negocio y se implican más en lo bueno y en lo malo. Reman todos con más empeño cuando toca que remar más fuerte.
  • Pagar un salario justo: un buen reparto a la hora de fijar los salarios son otra de las claves para lograr el foco hacia el cliente. Si hay desequilibrios injustificados, por enchufes, fichajes estrella sin sentido, entre otros, puede que surja el sentimiento en ciertas personas de verse perjudicadas por “una injusticia”. En estos casos, la reacción suele ser del tipo “pues que trabajen ellos, que para eso les pagan”, cosa que no interesa. Se deja que remen los demás.

Conclusiones

Remar todos en la dirección adecuada, para esto es para lo que sirve saber para quien se trabaja. El autónomo y el pequeño empresario, por su perfil de estar directamente en la “guerra con el cliente”, en la trinchera y con la bayoneta puesta, seguramente sean los que lo tienen más claro. A medida que la empresa va ganando dimensión e incorpora nuevas personas, se va perdiendo esta visión.

Son los mandos los responsables de que esta visión se transmita a lo largo del tiempo. Hay que tener presente que el jefe de todos los que trabajan en una organización es el cliente. El cliente puede cambiar, hoy es uno y mañana otro, pero tan sólo basta un cambio de orientación para estar bien alineado de nuevo.

 

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