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¿Cómo afecta la subida del Salario Mínimo Interprofesional?

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Sage

Conoce en qué medida puede afectarnos una subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). En este post te desgranamos cuáles son las consecuencia positivas y negativas que podría acarrear esta subida.

  • La subida del SMI puede afianzar los lazos entre empresa y trabajador.
  • Si no se controla bien, el incremento del SMI puede acabar generando precariedad laboral.

La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), en los últimos años, está teniendo unos efectos más limitados que en el pasado. Se está desvinculando de la evolución de muchas prestaciones, que ahora se ligan al Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM). También está dejando de tener impacto en las cotizaciones mínimas de los autónomos.

¡Comparte! Descubre qué podría cambiar con un incremento del salario mínimo interprofesional.

Además, su impacto ha estado, desde hace muchos años, limitado por la existencia de salarios mínimos fijados por convenio con una cuantía superior. Pero ello no significa que no tenga repercusiones positivas o negativas. Veamos las principales.

La subida del salario mínimo y el peligro de la economía sumergida

Aunque los efectos del cambio en el SMI, propiamente dichos, sean limitados, sí marcan una tendencia. Se pretende luchar contra la precariedad laboral y el Gobierno piensa que ello pasa por subir el SMI.

Pero es razonable pensar que todo ello incluya en el futuro sucesivas baterías de medidas de lucha contra la precariedad. Ahora bien, una cosa es el texto de las normas y otra la realidad empresarial.

El ejemplo lo tenemos reciente con el afloramiento de miles de casos de fraude en los ERTE. Hay muchas empresas en situación compleja y demasiados empresarios han decidido cruzar la línea.

Sin los adecuados incentivos y medidas de control, las iniciativas de lucha contra la precariedad pueden tener efectos perjudiciales.

Si este tipo de medidas no viene acompañado de un marco de incentivos adecuado y de medidas de control, pueden tener efectos perversos. La precariedad se ceba con determinados sectores y muchos sienten que es imposible cumplir con las reglas del juego, entre ellas el SMI.

Si así es, entonces las inspecciones pueden tener dificultades para actuar frente a tantos incumplidores y estos van ganando cuota de mercado. No olvidemos que sus costes pueden ser menores al saltarse la normativa laboral y eso puede determinar su supervivencia. En sectores concretos, el incremento de la economía sumergida y la precariedad laboral puede ser palpable.

El beneficio de la disciplina

El salario mínimo puede elevar las retribuciones laborales de un mercado de trabajo por encima de su nivel de equilibrio. Esto supone que hay menos empresas que, a ese sueldo dado, quieren contratar trabajadores.

Esto supone que quedan trabajadores en desempleo de características equivalentes a los contratados. En definitiva, los trabajadores saben que una causa de despido procedente puede impulsar a la empresa a terminar la relación. Al fin y al cabo, hay alguien válido esperando fuera. No es tan complicado el reemplazo.

Una elevación del salario mínimo puede ayudar a reforzar lazos entre empleadores y empleados y, de este modo, impulsar la productividad.

Siendo así, y con un salario más elevado, el trabajador tiene un incentivo especial para el esfuerzo. Eso debe estimular su productividad y, de hecho, podría convertir lo que, en principio, era un trabajador más en una buena inversión. Es un empleado que presta atención, tiene responsabilidad, cuida su formación intelectual y forma física, cumple sus obligaciones, etc.

De este modo, la empresa podría tener más motivos para invertir en esa persona. La productividad y los salarios podrían elevarse aún más y es posible que, al menos durante algún tiempo, se cree un círculo virtuoso.

No obstante, en algún momento, los beneficios comenzarán a ser menores. Sobre todo, lo serán cuando la empresa y el trabajador hayan explorado a fondo las posibilidades de mejora.

Como punto negativo, en todo caso, podríamos encontrar posibles situaciones de desánimo. Pueden afectar a los que no pueden acceder a un empleo por la elevación del salario y la falta de equilibrio entre oferta y demanda laboral. El reforzamiento de lazos entre empleadores y trabajadores que sí lograron el acceso al mercado laboral les pone más difícil encontrar un empleo.

El empuje de la demanda y la subida del salario mínimo

Los trabajadores de salarios bajos suelen consumir una gran proporción de su renta. Su salario, que suele ser su principal fuente de renta, apenas les da para ahorrar. Por lo tanto, un incremento de las remuneraciones de este colectivo podría impulsar la demanda.

La cuestión está en saber hasta qué punto el aumento del SMI puede incrementar las retribuciones del conjunto de personas que menos gana:

  • Por un lado, sabemos que su efecto es menor por la existencia de convenios que pueden marcar un salario mínimo más alto.
  • Además, es muy probable que el número de trabajadores que ganan salarios bajos se reduzca.
  • Pero, por otro lado, los que consiguen un puesto pueden ganar algo más.

Por lo tanto, el cambio es controvertido. Ahora bien, que se incremente la demanda no significa necesariamente que ello se vaya a trasladar a crecimiento económico. Hay que tener en cuenta las restricciones que implica la oferta.

Puede ser una medida que contribuya más a mover los precios que las cantidades producidas. De este modo, un incremento del salario mínimo podría valorarse en la lucha contra situaciones de deflación.

En los últimos meses, se ha venido observando una cierta tendencia a la baja del IPC. No obstante, hay que tener en cuenta el contexto. Es posible que una cierta recuperación de la normalidad sanitaria pueda suponer un factor de empuje para los precios.

Por contra, en situaciones de inflación, el incremento de la demanda puede llegar a resultar perjudicial. Si no se traslada a mayores cantidades producidas, el solo aumento de los precios puede erosionar la competitividad internacional.

La cuestión del contexto social

En estos momentos, esta medida es vista con distintas posturas:

  • Los sindicatos de trabajadores defienden la medida.
  • Las confederaciones de empresarios no la ven con buenos ojos.
  • Las asociaciones de autónomos tienen diferentes posturas: ATA cree que no es el momento para subir el salario mínimo, mientras que otras como UPTA o UATAE son decididas partidarias de la subida.

En ese contexto, lo más probable es que la medida pueda ser utilizada como ‘moneda de cambio’ en negociaciones sociales. Son muchos los asuntos sobre la mesa y el acercamiento puede llegar por concesiones mutuas en otras cuestiones.

En resumen, es una medida con cierta significación, pero que no puede entenderse sin otras que la complementen. Su efecto benéfico o perjudicial dependerá, en gran medida, del sentido de otras reformas en el ámbito laboral y de la evolución del contexto económico.