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Renta 2021: cómo funcionan los tramos del IRPF

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¿Qué pasa con los tramos de renta más elevados? En este post, te contamos cómo funcionan los tramos del IRPF y cómo reaccionan las rentas altas.

  • La mecánica del IRPF descansa sobre unas escalas de gravamen progresivas.
  • La efectividad de la progresividad del sistema tributario está condicionada por diversos factores.

Simplificando, la progresividad significa que quienes más renta tienen más impuestos paguen. Es una exigencia constitucional. El artículo 31 dice que “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”.

Contenido del post

  1. Los tramos del IRPF
  2. Un ejemplo de aplicación de los tramos del IRPF
  3. Cómo son los tramos de la escala
  4. ¿Qué pasa con las rentas más elevadas?
  5. ¿Y los que se quedan?

Para intentar lograr la progresividad del sistema tributario, los tramos del IRPF son una de las herramientas que se ponen en marcha. La realidad, sin embargo, suele ser un poco más compleja de lo que parece desprenderse de las normas.

¡Comparte! Infórmate de cómo influyen los tramos del IRPF a las rentas más altas.

1) Los tramos del IRPF

El IRPF establece un tratamiento diferenciado para dos tipos de renta: la del ahorro y el resto (la llamada renta general). Para los cálculos del impuesto, a las bases liquidables (la parte de la renta por la que tributamos) se les aplican dos escalas: una estatal y otra autonómica.

En cada una de esas escalas se van marcando tramos, para cada uno de los cuales se señala:

  • Hasta qué cifra de base liquidable llega el tramo.
  • La cuota íntegra que corresponde hasta esa cifra. La cuota íntegra es una primera aproximación a la cantidad de impuesto que hay que pagar a lo largo del año. No obstante, no están descontadas determinadas deducciones y bonificaciones.
  • La cifra que queda hasta llegar al siguiente tramo.
  • El tipo que se aplica a la cantidad que supere la primera cifra de la primera columna de la escala.

2) Un ejemplo de aplicación de los tramos del IRPF

Imaginemos que nuestra base liquidable general es, por ejemplo, de 20.000 euros. Entonces, por la parte estatal (a ello hay que añadir lo que corresponda según nuestra comunidad) procederemos así:

  • Tomamos la escala que viene publicada en el artículo 63 de la ley del IRPF.
  • Observamos que nuestra base liquidable se sitúa en el segundo tramo, que va de 12.450 euros a 20.200 euros. El primero va de 0 a 12.450 euros.
  • Vemos que, para los primeros 12.450 euros, corresponde una cuota íntegra de 1.182,75 euros.
  • Calculamos el resto que nos queda de pasar por la escala. En nuestro caso, será 20.000-12.450=7.550 euros.
  • A ese resto le aplicamos el tipo señalado en la tabla. En nuestro caso, es el 12% de 7.550 euros, es decir, 906 euros.
  • Por lo tanto, sumando ambas cifras (1.182,75 y 906) nos da un total 2.088,75 euros.
  • A continuación, procederemos de un modo semejante con la escala autonómica.

3) Cómo son los tramos de la escala

En general, en los primeros tramos de la escala, el resultado es reducido. Incluso, una vez desgravamos el mínimo personal y familiar, puede ser que no paguemos nada.  A medida que vamos a tramos más altos, va subiendo el tipo marginal, que es aquel que se aplica por cada euro adicional de renta que pasa por la escala.

Tengamos, además, en cuenta que no toda la renta tributa. Por ejemplo:

  • Hay muchas exenciones, que se centran, en general, en supuestos especialmente protegidos y que suelen ser cobrados por rentas bajas.
  • Los gastos necesarios para obtener las rentas suelen ser deducibles. Las cotizaciones sociales, por ejemplo, tienen un máximo que hace que en las rentas muy altas supongan un porcentaje menor.
  • La reducción por tributación conjunta suele aplicarse en casos en los que las rentas de uno de los dos cónyuges son bajas.
  • En los rendimientos del trabajo y actividades económicas disfrutan de ciertas reducciones.  Lógicamente, estas pesan más porcentualmente en las rentas bajas.

A los tramos del IRPF, los acompañan otras medidas que pretenden dar progresividad al impuesto.

La cuestión varía bastante cuando hablamos de rentas más elevadas. Todos estos conceptos siguen siendo desgravables, pero ya no pesan tanto. No es lo mismo desgravar 1.000 euros cuando se tiene una renta de 5.000 que cuando se tiene una renta de 50.000. En el primer caso, es un ahorro del 20%; en el segundo, solo del 2%.

4) ¿Qué pasa con las rentas más elevadas?

La proporción de impuestos que han de pagar depende de la comunidad y de las desgravaciones que les correspondan. Sin embargo, en rentas superiores a los 60.000 euros, no es difícil que ronde el 40%. Incluso, es probable que lo supere claramente en rentas por encima de 300.000 euros. Además, hay que considerar lo que paguen por las rentas del ahorro.

Ante ello, las respuestas son variadas. Algunas personas pagan gustosa o resignadamente un IRPF elevado. Suele ser el caso cuando cobran de una nómina y no tienen opciones seductoras para moverse a otro país.

En ese sentido, la movilidad internacional es importante. Si nos vamos a vivir a otro país y allí generamos la renta, ya no tributaremos en España. No obstante, hay una excepción, que es el traslado a paraísos fiscales, que supone tener que seguir tributando en España por cinco años.

Ahora bien, si, aun viviendo en otro país, siguen generando rentas en España, pueden tener que tributar en el impuesto sobre la renta de los no residentes. En todo caso, habrá que estar a lo que diga el convenio para evitar la doble imposición, si es que España lo tiene firmado con el otro país.

Sin embargo, no debemos perder de vista que no todo son consideraciones fiscales. Además, puede que en otros países se paguen menos impuestos, pero que el pagador de la renta pueda aprovecharlo para pagar menos. Eso depende de las condiciones del mercado. Si en bruto se gana menos, el efecto final puede ser reducido.

5) ¿Y los que se quedan?

Es evidente que las rentas más elevadas tienen más medios a su alcance para aprovechar todos los resquicios que deje la ley para pagar menos. De hecho, muchas personas lo hacen, pero hay tres situaciones que conviene no confundir:

  • Muchos estudian sus opciones y se decantan por alternativas ventajosas que están claramente dentro de la ley.
  • Por supuesto, hay casos claros de fraude. Suelen involucrar falsedades en la contabilidad y otros documentos, ocultación de información, fraudes de ley, operaciones en paraísos fiscales, etcétera.
  • La mayoría de los contribuyentes de rentas altas estudian a fondo los casos dudosos. Analizan precedentes en resoluciones administrativas o judiciales que pueden darles la razón. Estudian alternativas de defensa jurídica y trazan estrategias detalladas.

El resultado suele ser que el peso de la progresividad del impuesto suele recaer en contribuyentes con pocas opciones. Por ejemplo, un directivo de un nivel intermedio-alto o un alto funcionario suelen recibir la mayoría de su renta de una nómina a la que es muy difícil darle vueltas. Por el tramo del IRPF en el que caen, acabarán pagando una elevada proporción de sus ingresos en impuestos.