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¿Enfriamiento de la economía mundial? 8 aspectos clave para saber si tu empresa está preparada

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Explicamos los principales aspectos que deben monitorizar las empresas ante una posible desaceleración de la economía mundial.

  • Nuestro negocio debe intentar prepararse lo mejor posible para reaccionar ante los cambios en el entorno económico
  • Un menor crecimiento se traduce en cambios profundos que pueden afectar a diferentes aspectos dentro de la empresa

La desaceleración de la economía mundial es una posibilidad que puede tener amplias repercusiones en los negocios. Instituciones como el FMI están reajustando sus previsiones de crecimiento. A nivel global, se alerta de peligros como un endurecimiento de las condiciones financieras o las posibles tensiones comerciales entre algunos de los países con mayor peso económico del planeta.

Vivimos en un contexto en el que la evolución de la economía mundial tiene una repercusión cada día más patente sobre empresas de todo tipo y tamaño. Sin embargo, también sabemos que la repercusión no es la misma en todos los negocios y que una correcta previsión ayuda a sortear mejor los peligros e, incluso, avanzar en algunas oportunidades de futuro. Para ello conviene estar atento a determinados aspectos.

1) Demanda

En la mayoría de los sectores, un deterioro de la economía mundial se traduciría en una disminución de las previsiones de demanda. No obstante, pueden existir algunos sectores donde una crisis es una oportunidad. Por ejemplo, las empresas que producen bienes y servicios que son alternativos a otros de mayor coste pueden ver en momentos así su oportunidad para crecer. Lo mismo pasa con todo tipo de sectores de asesoramiento ante momentos de crisis como, por ejemplo:

  • Profesionales de la administración concursal.
  • Asesores jurídicos cuyos clientes buscan atención ante reclamaciones.
  • Especialistas en despidos, outplacement, etc.
  • Profesionales ligados a la liquidación de activos.

En todo caso, es importante realizar unas previsiones de demanda. Interesa valorar posibles escenarios y la probabilidad de cada uno. Además, es muy importante tratar de predecir las consecuencias que pueda tener cada posibilidad en diversos aspectos como, por ejemplo:

  • La conveniencia de realizar o descartar nuevas inversiones.
  • El ritmo de amortización de los activos ya incorporados.
  • La conveniencia de unas u otras fórmulas de financiación.
  • Los efectos sobre la tesorería.
  • El posible impacto sobre las cuentas de clientes.
  • La acumulación no deseada de existencias.
  • Las necesidades de contratación o despido de trabajadores.
  • Los efectos sobre los proyectos a largo plazo de la empresa.
  • La necesidad o no de realizar reestructuraciones de departamentos dentro de la empresa.

2) El perfil de los clientes

Una desaceleración no solamente tiene un efecto cuantitativo sobre la cifra de ventas, sino que también propicia cambios en el perfil de los clientes. Normalmente, las repercusiones son asimétricas, de modo que no todos los segmentos se ven influidos del mismo modo. Eso llevará a que el peso de cada uno de ellos irá variando a lo largo del tiempo.

Los cambios en el perfil de los clientes de forma prácticamente inevitable nos llevarán a necesitar adaptaciones en los productos. La oferta que realizábamos, probablemente, ya no sea la mejor respuesta ante un público distinto.

Además, incluso los propios clientes y sus necesidades van variando a lo largo de la crisis. Un ejemplo muy claro de ello son las asesorías. Seguramente, los perfiles de clientes variarán antes y después de un período de menor crecimiento, pero incluso los emprendedores supervivientes habrán cambiado. Demandarán nuevos tipos de servicios, ligados a las circunstancias que llegan.

3) Proveedores

La crisis sería para todos, proveedores incluidos. Por ello es muy importante seguir la evolución de los que resultan críticos para nuestra empresa. En algunos casos, es posible que ellos intenten contrarrestar la caída de la demanda con reducciones de precios, lo cual puede ser una oportunidad para disminuir costes.

Sin embargo, hay que estar atentos a posibles faltas de disponibilidad propiciadas por giros en la actividad de esas empresas motivados por la crisis, mermas en la calidad e, incluso, la desaparición de nuestro proveedor. En algunos casos, puede ser muy conveniente prever cómo podríamos actuar y examinar las opciones de sustitución de nuestro proveedor.

4) Los cambios fiscales

Ante una crisis puede haber dos tipos de cambios fiscales y, en ocasiones, es muy difícil anticipar su signo. Por un lado, es habitual que surjan políticas fiscales expansivas que pretendan mitigar los efectos de la crisis. Dentro de ellas es habitual encontrar incrementos de gasto público, pero también reducciones de tributos, especialmente de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social.

Por el otro lado, las crisis son momentos que pueden suponer un reto para la credibilidad de las finanzas públicas. La sostenibilidad de la deuda pública puede reclamar medidas de incremento de tributos.

En todo caso, hay que estar muy atentos porque no solamente nos interesan los cambios en los tributos en los que nuestra empresa es o puede ser sujeto pasivo, sino también aquellos otros en los que lo son las personas y entidades con las que nos relacionamos. Por ejemplo, los cambios en la imposición sobre el trabajo no solamente repercuten en el salario de los trabajadores, sino también en los costes laborales de su empleadores.

5) Repercusiones laborales

Las crisis suelen ser momentos de despidos. Muchas empresas no llegarán a realizarlos. Sin embargo, es importante perfilar con antelación la repercusión tanto jurídica como motivacional. Desde el punto de vista jurídico es conveniente plantear las razones que se podrían aducir y los posibles conflictos laborales que podrían surgir, las fórmulas para negociar una salida pactada y el posible recorrido judicial en caso de no llegar a un acuerdo.

Desde el punto de vista motivacional, hay que tener en cuenta que es posible que las expectativas de los trabajadores, incluso cuando no se han visto despedidos, pueden haber variado durante la crisis. Mientras algunas empresas ven reforzada la relación con sus empleados, después de superar retos complejos; otras ven como han perdido el crédito de su plantilla y les toca rehacer la cohesión del equipo.

6) Gestión de la tesorería

En momentos de crisis, la tesorería se convierte en uno de los grandes quebraderos de cabeza. Por un lado, no se quiere sobreinvertir en activos muy líquidos, pero que podrían lastrar la rentabilidad de la empresa. Por el otro, la posibilidad de que un episodio de impagos pueda derivar en una gran pérdida de credibilidad genera pánico a la mayoría de los emprendedores.

La solución para mantener el equilibrio adecuado pasa normalmente por la previsión y el análisis. Es conveniente disponer de herramientas que permitan el control, la gestión y la toma de decisiones de tesorería en tiempo real, así como la obtención de KPI, paneles de control, informes y análisis que proporcionen una visión general y detallada del departamento financiero y la tesorería y que ayuden en la toma de decisiones.

7) Inversiones

Las inversiones en épocas de crisis son complicadas. Por un lado, el efecto del apalancamiento operativo produce vértigo. No se quieren inmovilizar demasiados recursos, ya que, si la demanda no acompaña, los costes podrían sepultar a la empresa.

Sin embargo, también hay que ser plenamente conscientes de que, en el contexto de la transformación digital, renunciar a inversiones puede suponer un desfase tecnológico y puede hurtar a la plantilla la oportunidad para trabajar de forma diferente y para adquirir nuevas cualidades importantes en el trabajo del futuro.

8) Procesos

La pregunta es inevitable: ¿una crisis debería afectar a nuestros procesos? La respuesta, por las más variadas razones, seguramente, será sí para la mayoría de las empresas. Sin embargo, la duda estriba, fundamentalmente, en saber cuál es el camino a través del cual deben cambiar los procesos.

En general, los cambios en los procesos dependerán de las respuestas que hayamos ido obteniendo en todo el análisis anterior. Pero, además, también lo variarán en función de la evolución tecnológica y la propia vida organizativa de la empresa.

Realizar previsiones y análisis y trazar planes de actuación frente a una posible crisis no solamente ayudará a afrontarla. Incluso en el caso en el que la crisis no tenga lugar o su dimensión sea pequeña, los gestores irán acumulando mucho conocimiento sobre la empresa a lo largo del proyecto.